lunes, 8 de diciembre de 2008

Sagua la Grande cumple 196 años, abiertos los comentarios, abiertos los sentimientos.

Por: Yoel Rivero Marín.
NOTA: Este comentario estará listo cuando todos los que lo lean dejen sus comentarios, sus sentimientos y sus anecdotas sobre la ciudad. ¿Una ciudad con 196 años puede considerársele vieja?... ¿Edad madura acaso?...¿Joven aún?... El calificativo puede quedar al criterio de todo aquel que la visite y puede evaluar tal hecho analizando la intensidad con la que se ha vivido en esta Villa que, incluso mucho antes de la fecha del 8 de diciembre de 1812, ya estaba haciendo historia.
Sagua la Grande ha sido la cuna de prominentes figuras de las artes, las letras, la ciencia y la política de Cuba y del mundo, ejemplos puedo mencionar sin agotar mi arsenal por varias horas. Detenerme sin dudas es obligatorio en quien el destino, la vida, Dios o quien prefiera el lector, naciera precisamente cuando la ciudad cumplía sus 90 años de fundada, me refiero al sagüero más universal de la historia, al artista de la plástica Wilfredo Oscar de la Concepción Lam y Castilla, nuestro inmortal Wifredo Lam. El 8 de diciembre sin dudas resulta proverbial y por tal motivo obligatorio, que sea la fecha más sagüera del año. Los habitantes de la Villa en 1902 nunca pensaron que el llanto de aquel niño que tal vez muy pocos escucharon se convirtiera en un resonar perpetuo para los habitantes de hoy y de mañana.Las fiestas han comenzado en Sagua la Grande y los villareños que estamos aquí tenemos el regocijo de vivirlas intensamente. Aún cuando algunos piensen que ese candor primigenio se ha perdido, trato de sumarme a su criterio y les aseguro que aunque así sea, la longevidad de mi ciudad la hace más interesante. Los que opinan como yo, que aún es una ciudad muy joven, buscan en cada piedra esa actividad que nos debe caracterizar, ese vibrar que debe sentirse al unísono en cada momento, en cada persona que aquí viva y sienta por esas calles limpias y anchas, por esa edificaciones, por esa gente que lo ha dejado todo en el andar diario y en el sueño cotidiano que somos capaces de perseguir. Aún cuando nos cueste la vida, una vida que sería un orgullo dedicar, para que esté donde esté, me digan sagüero, para que vaya donde vaya sea sagüero y para que en cualquier lugar del mundo cuando vean mi rostro otros coterráneos se acerquen con la seguridad de que yo soy un sagüero. La Villa de la Purísima Concepción de Sagua la Grande está cumpliendo años, 196 años. ¿Qué decir, qué hacer entonces?... Me gustaría dejar abierta esta interrogante, me gustaría que todo aquel que lea esta nota y conozca la ciudad, la haya visitado, haya vivido en ella, o viva en ella aún, haga su comentario, complete estas palabras del autor que considero insignificantes para la majestuosidad que me rodea día a día, para ese orgullo que siento por haber nacido aquí, en Sagua la Grande. LOS COMENTARIOS ESTÁN ABIERTOS PARA QUE COMPLETEN LO AQUÍ ESCRITO, BIENVENIDOS TODOS:

sábado, 6 de diciembre de 2008

"Yo soy el maestro".Manuel Ascunce Domenech.

Por: Yoel Riveo Marín.
Muchos fueron los sagüeros que en los años 60 acudieron al llamado de la revolución para eliminar el analfabetismo de nuestra tierra, muchos aún nos cuentan sus historias e inclusos pueden narrar los hechos que vivieron con suma claridad. Conversando con algunos de ellos en estos días donde se les rinde homenaje a ellos, tuve la oportunidad de descubrir a un sagüero que ha dejado su nombre grabado para la historia, pero gran parte de los cubanos e incluso educadores no conocen que es hijo de la Villa del Undoso, me refiero al jovencito Manuel Ascunce Domenech que con sólo 16 años dio la vida con el honor y el orgullo que representa ser maestro.
Nació en Sagua la Grande el 25 de enero de 1945, pero dos años más tardes la familia se trasladó para la Habana. En la capital cursó la enseñanza primaria y después ingresó en la Secundaria donde cursó hasta el segundo año.
Perteneció a la Asociación de Jóvenes Rebeldes. A principios de 1961, cuando el Comandante en Jefe Fidel Castro, recabó la colaboración de los jóvenes para formar un ejército de alfabetizadores que llevaría el nombre del mártir Conrado Benítez, Manuel Ascunce estuvo entre los primeros que dio un paso al frente para cumplir con esa tarea.
Luego de pasar una semana de preparación en Varadero, fue destinado a la zona de Limones Cantero, en El Escambray. Primero residió en la casa de un campesino del lugar, pero después, a petición propia fue trasladado para el hogar de Pedro Lantigua, quien había sido práctico del Ejercito Rebelde durante las acciones contra las bandas de elementos contrarrevolucionarios.
Manuel, además de enseñar a Pedro, colaboraba con él en las labores del campo. En la noche del 26 de noviembre de 1961 los bandidos llegaron a la casa de Pedro Lantigua y uno preguntó quien era aquel joven. La esposa del campesino trató de protegerlo y afirmó que era su hijo, pero Ascunce aclaró con firmeza: "Yo soy el maestro".
Los asesinos se llevaron al alfabetizador y a su alumno. Horas más tarde un grupo de campesinos que hacía un recorrido por la zona buscándolos, hallaron sus cadáveres pendientes de un árbol y brutalmente torturados.
Así caía el joven alfabetizador que llevó la luz de la enseñaza no sólo con el lápiz y la cartilla, sino con su ejemplo y con su propia vida, que se multiplicó en miles de jóvenes dispuestos a eliminar el analfabetismo en Cuba. Ese muchacho fue sagüero, nació aquí y aquí se le recuerda siempre.

Leyenda del Esclavo

Esclavos libres de la zona de Sagua la Grande.
En un lugar muy próximo a nuestra legendaria y pintoresca ciudad, se levantan algunas lomas y pequeñas alturas que se encuentran cerca del central Purio, en una de las cuales se encuentra una cueva no muy grande. Dentro de esta aparecen diversos objetos de quienes fueron los primeros habitantes de nuestra isla.
Entre estos objetos se encuentran asientos de piedra, bañaderas, tenedores, y sobre las paredes de la gruta aparece la imagen de la virgen tallada en la roca.
Cuenta la historia que hace algunos años, en el interior de dicha gruta se encontró a un moreno que se refugiaba en ella desde la guerra de la esclavitud. Este infeliz se alimentaba de yerba, su cara estaba cubierta de pelos, y sus uñas muy largas y encorvadas. Saltaba y trepaba los árboles con la agilidad de un mono.
Este hombre fue hallado y traído a nuestra ciudad y fue internado en el asilo de ancianos, donde murió poco tiempo después.
La realidad es que la zona fue amplamente habitada por esclavos que escapaban de los ingenios vecinos y existen hoy en la ciudad muchos desedientes de aquellos negros llegados de África.