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miércoles, 28 de marzo de 2012

Es la Calle de Lam

Por Alberto González Rivero
En uno de esos timbrazos que nos sacan de la dimensión “real", me parece que Wifredo Lam ha regresado como lo hacía antaño al parque “La Libertad”, a hablar con amigos como Goyito, con un cuadro debajo del brazo, esa misteriosa obra que jamás olvidó ni siquiera en sus incursiones por Europa.
En eso iba pensando mientras caminaba por la céntrica calle que lleva el nombre de la benefactora de los sagüeros, Carmen Ribalta, hija de uno de los hacendados más ricos de La Villa del Undoso en el siglo XI
Esa mañana de aspecto brumoso, se esperaba la visita del genio cubista, influido por su amigo Picasso. La estancia en el Viejo Continente revela sus amores con Eva, una modelo que él describía con el pelo azul medio violáceo, de cuya unión nació su primer hijo, Wilfredo Víctor. No ocultaba, sin embargo, que pasó los mejores tiempos de su vida con Elena, una enfermera barcelonesa a la que conoció en Marsella, su musa en el trabajo y en la poesía .Lam, enamorado de la ibérica hasta el paroxismo, llevaba una existencia errante durante la Guerra Civil Española.
Paseo por esta arteria principal, antigua Amistad, que es, en sí misma, un espectáculo, perfectamente alineada a tono con el trazado urbanístico del siglo decimonónico. Solo de ver cómo José Lezama Lima y Alejo Carpentier imaginaban a su Habana por dentro y por fuera, me inspira transitar a través de ella, con sus combinaciones de edificios y casas vetustas y otros de nueva creación, con el zumbido permanente de su hilera de coches y bicicletas.
Los primeros destellos de su llegada lo descubrieron enamorado como siempre. Venía acompañado del cineasta Humberto Solas y ambos se detuvieron en Carmen Ribalta. Es que acaso no parece una imagen surrealista la escena en que Lam está sentado en la cama con el mosquitero en cabestrillo.
Se me olvidaba mencionar que era esta la ruta preferida de Armando Hernández, un rotulista de las carteleras de cine que solía andar con la cara embarrada de pintura, un personaje de Mendive que se daba unos tragos en la cantina del Hotel Sagua, pero que no hubiera soportado ver tan desconchadas las paredes de este clásico de la arquitectura. Tampoco quería perderse la ocasión de hacer un nuevo retrato de Lam.

Había que ver como el hijo más pequeño de Lam, Yan y Ana Serafina no soltaba su obra más querida, recordando cuando dibujaba con el hollín del carbón que recogía en la línea de la antigua Estación de Ferrocarriles. Era la época en que el ahijado de Má Antoñica Wilson comenzaba a encantarse con sus paisajes. Por eso se dejaba caer, montado sobre una yagua, por el estero, un riachuelo cercano a su casa de madera, todavía intacta en la misma calle que vio nacer al creador de La Jungla, cuya tarja develó en el lugar la francesa Lou Larin, la última esposa del pintor que ha expuesto en diversas galerías del mundo.
En el antebrazo de la retrospectiva, rememoramos la llegada del periodista Manino Aguilera (mi Luján, como el de Mañach en “Estampas de San Cristóbal de La Habana”), mostrándole la entrevista que le concedió al periódico “Mensaje”, edición que guardaba como un culto a esa ciudad que tanto amaba. La fotografía habla por sí sola, pues recoge los instantes en que Lam y Manino conversaban en La Habana, al tiempo que el reportero de Sagua tenía el privilegio de verlo trazando su obra cumbre.
Es curioso que sus progenitores lo inscribieran como Wilfredo Oscar de la Concepción Lam y Castilla. Má Antoñica Wilson era premonitoria al ver al hijo de Orula como un “espléndido hechicero”. Sobre ella Lam recordó tiempos más tarde: “Mi madrina tenía el poder de conjurar en mis primeros años de existencia, yo la visitaba en su casa llena de ídolos africanos. Ella me otorgó la protección de todos aquellos dioses”.
Apretaba su famoso talismán, pero Goyito lo traía a la anécdota de la maestra que lo descubría haciendo garabatos en el pupitre de la escuelita de Coco Solo. Quizás ella adivinaba que iba a rayar una vez más el mueble escolar, obsesionado desde ya por plasmar imágenes poéticas en el lienzo. Ella presagiaba que ese chinito volaba como un coronel fuera del aula.
Se reía con el amigo que lo hacía retocar una y otra vez su obra más íntima. De la espátula salían los mágicos momentos en que el joven Lam llevaba el pincel en los bolsillos a las canturías que se organizaban en el barrio Coco Solo. O cuando le pedía a su tío papel de cartucho, no para que le envolviera mangos o ciruelas, sino para reseñar las primeras grafías del entorno. Al tío, el hijo más chiquito de su hermano Lam Yan le parecía algo chiflado.
En La Villa, rodeado de amigos y curiosos, que es la armonía de todas sus junglas, mostró un pequeño huevo y lo frotó de agradecimiento, redescubriendo aquellas búsquedas que fueron citas permanentes en su visión artística. Así se lo confesó a Manino en la citada entrevista exclusiva para” Mensaje”.
Célebre fue aquella incursión en que le “trasladó” el violín a su hermano mayor y lo puso a flotar a la vera del río Sagua la Grande.
Todavía se acordaba de la cara que puso el dueño del instrumento y del castigo al conocerse de la lírica travesía.
Otra vez se alucinó al cruzar por el Puente de Hierro del Triunfo, pues algunas de sus pinturas primitivistas se inspiraron en aquellos paisajes, motivos de sus correrías infantiles .Parecía que Lam dibujaba el ramaje de la nostalgia, mientras se desviaba en camino a la carretera del antiguo Central Resulta, según él para seguir oyendo los consejos de Má Antoñica Wilson, una de sus musas más apreciadas.
A Armando, el rotulista de las carteleras cinematográficas, no le temblaba el pincel, dándose el trago de costumbre, porque él fue de esos pintores que se quedó para seguir retocando a la ciudad con los colores que le había “regalado” el personaje. Esa vez, al anunciar el filme en las ventanas del Cine Alcázar, dejó un espacio para hacer el retrato al retorno del que tanto había hecho trascender el sentimiento sagüero a través de las artes plásticas.
Wifredo Lam y Castilla, estremecido con la vuelta a las raíces, se fue ese día del parque “La Libertad a paso de gigante, iluminando los recuerdos a lo largo de la calle que perpetúa la memoria de la caritativa mujer.
Llevaba consigo “La Silla”, aderezada con la maceta y las flores que tal vez hallaba en las Riberas del río. Otra vez se sentaba en el mueble de la originalidad.
Había venido a engullirse de una pincelada toda la atmósfera que le había dado fama.

jueves, 4 de agosto de 2011

LA JUNGLA DE LAM

Por: Yoel Rivero Marín.
Sagua la Grande. 8 de diciembre de 1902. Las tranquilas aguas del Undoso eran testigos del ajetreo de una ciudad que celebraba sus 90 años de creada. La calle Amistad se rebautizaba como “Carmen Ribalta” y en una de sus casas, el llanto de un niño sumaba una alegría muy particular. Aquella familia, mezcla de América, África y Asia lo bautizaba como Wilfredo Oscar de la Concepción Lam y Castilla.
Aquel niño, chino mulato, mulato chino, creció y salió de su Villa, creció y salió de su patria, creció y cambió su nombre. El mundo lo conoció simplemente como: Wifredo Lam.
París, 1938, se encuentra Lam con Pablo Picaso. El sagüero tiene 36 años y arriba desde España, al cabo de una estancia de 14 años en la península. Poco después, asegura Lam, expresó el autor de la Guernica: “Nunca me equivoqué contigo, eres un pintor, un verdadero pintor. Por eso te dije la primera vez que nos vimos que me recordabas a otro hombre: a mí”.

“Lam introdujo por primera vez en la pintura cubana la cultura negra, con sus mitos y símbolos”. Juan Sánchez.
“La Jungla es el primer manifiesto plástico del tercer mundo”.
Alain Jouffroy.

En 1981, le es impuesta a Wifredo Lam la orden “Félix Varela”, la más alta distinción que en el terreno de la cultura confiere el Estado cubano. El 11 de septiembre de 1982. Wifredo Lam, aquel niño chino y mulato, mulato y chino nacido en Sagua la Grande 80 años atrás, muere en París y por voluntad expresa, sus restos son trasladados a Cuba.

martes, 26 de abril de 2011

Lam oculto.

Recuerdos de la filmación del documental que Humberto Solás dedicó al universal pintor sagüero
Tomado de la publicación de Luis Machado Ordext del semanario digital "Vanguardia" del 11 de Diciembre de 2009. Por su trascendental importancia para la historia de la ciudad de Sagua la Grande lo ofrecemos íntegramente.


Una placa recuerda el natalicio de Wifredo Lam, en Sagua la Grande, el 8 de diciembre de 1902.




Nadie duda de que Wifredo Lam tuvo muchos ocultamientos, más allá de fundamentarse como el más universal de los pintores cubanos, de mostrar su audacia surrealista contenida en la espiritualidad afrocubana o la herencia china, incluso, de conquistar la plenitud en una técnica artística y de simbolismo gráfico de realeza inigualable.

El sentido furtivo de ese sagüero inmortal, de frondosidad y esoterismo cultural definidos por Fernando Ortiz, tal vez tuvo su mayor realización en las calles y entre la gente de la Villa del Undoso, luego de cumplir 76 años de existencia y recorrer idénticos escenarios transitados durante la infancia, fecha en que junto al equipo de realización cinematográfica que asistía a Humberto Solás, el pintor decidió que un momento significativo del documental en preparación, tendría obligatoriamente que captar fragmentos esenciales de su vida y las relaciones con amigos inseparables por el tiempo.

Antes, en 1972, tras la salida del libro de Alain Jouffroy sobre la obra pictórica de Lam, la televisión sueca hizo un documental; dos años después Italo Mussa filmó otro cortometraje; ahora las cosas serían diferentes, según el proyecto de Solás de captarlo en el ambiente natural de su ciudad portuaria; entre los recuerdos de infancia y aquellos instantes definitorios en una estética sin precedente: la danza, la música, la poesía y, por tanto, «el arte como una batalla de alto compromiso moral, y la profesión como una disciplina abnegada y ajena a toda concesión», como afirmó el cineasta.

Lam y Alain Jouffroy, París 1973.

La Jungla.




Lam y Castilla, nacido el lunes 8 de diciembre de 1902, tenía presente el fundamento plástico contenido en La Jungla, primer manifiesto de su tipo en el tercer Mundo; «porque la pintura es la lengua más antigua y elocuente de los hombres», y entre los hombres de su pueblo debía aparecer a cada instante.

Un testigo de excepción es convocado ahora --puede hacer el recuento gracias a la memoria prodigiosa y la papelería que atesora--, es el pedagogo y pintor Manolo Guillermo Fernández García, quien desde Varadero, donde reside, recuerda:

«En la mañana del sábado 7 de enero de 1978 varios artistas recibimos una comunicación oficial que advertía el deseo de Lam de encontrarlos a todos en la noche o al día siguiente para que intervinieran en el documental que se filmaría. Los salones del Taller Libre de Artes Plásticas "Fidelio Ponce de León", de Sagua la Grande, sitio de lecciones pedagógicas, fueron escenarios del murmullo y la euforia: otra vez el pintor estaría en su tierra natal; era domingo a media mañana y en un ómnibus del tipo Girón, Lam venía de pie, cercano a la puerta de salida, recorriendo con la vista las áreas aledañas al parque La Libertad.

«Una caravana pequeña formada por varios tipos de automóviles se acercaba; allí en la sede del Partido aguardaban dirigentes políticos y estatales, así como algunos integrantes del taller: José Ramón (Pepito) Núñez Iglesias, Teódulo Morales Rossell, Manuel García Borbón, Jorge Hernández, quien cámara en ristre tomó varias de las imágenes, y Ramón Infante, entre otros. Lam sonriente extendió la mano a todos, a otros los abrazó, y acto seguido hizo las presentaciones de quienes lo acompañaban: Solás, Lou (Laurin, su esposa), y sus amigos franceses Yvon y Jackelin Taillander.

Lam, junto al equipo de filmación del documental, así como amigos y artistas de Sagua la Grande en aquellas mañanas de enero de 1978. (Foto: Jorge Hernández. Pertenece al archivo de Fernández García)



«Solás dijo que era necesario comenzar a rodar el documental temprano en la mañana, a orillas del río Undoso y cerca del puente El Triunfo; allí en un parque, a la sombra de una ceiba gigantesca del Rincón Martiano.

«El fotógrafo Jorge Herrera, del equipo de Solás, hacía advertencias para que se presentaran personas de avanzada edad y que en la niñez o la juventud conocieron a Lam o a su familia; al siguiente día debían concentrarse en el parque Joaquín Albarrán, recuerdo que Lam dijo, "¡Manolo, esta vez no me voy de Sagua sin disfrutarla y contemplar mis viejas pinturas; así que no te me pierdas!"

«Señalé que las piezas estaban en exhibición, en una pequeña pinacoteca.

«--¿Pinacoteca? --interrogó Solás al oírme.

Documental Wifredo Lam




Título Original: Wifredo Lam

Dirección: Humberto Solás

País(es): Cuba

Idioma Original: Español

Formato: 35 mm

Categoría: Documental

Tipo: Color

Duración: 45 min.

Año de producción: 1979

Productora: ICAIC

Guión: Humberto Solás

Producción: Guillermo García

Fotografía: Jorge Herrera

Edición: Nelson Rodríguez

Música: Leo Brouwer

Sonido: Ricardo Istueta

*Participan en este documental la actriz cubana Eslinda Núñez y el Conjunto de Danza Moderna de Cuba.

«--Sí, la fomentamos en un salón en los altos del antiguo casino español, actualmente, biblioteca municipal Raúl Cepero Bonilla.

«El cineasta se sorprendió cuando comenté que existían allí otros originales de Víctor Manuel, Amelia Peláez, Fidelio Ponce de León, Leopoldo Romañach, Armando Menocal, y Lam ripostó:

«--Pues mañana los veremos antes de comenzar a filmar.

«Solás tenía preocupaciones; de vez en cuando miraba a Lam, y lo percibía en inquietud; hasta llegó a alarmarse ante la posibilidad de que se agotaran los rollos que traían para aquel documental concebido sólo en 45 minutos de duración luego de la edición.

«El propósito del realizador era definido: la relación afectiva y profesional del pintor con su gente y su pueblo; la transculturación y el mestizaje dentro del ámbito de la intimidad artística. Por eso fuimos a la calle Carmen Ribalta, cerca del estero, en el barrio San Juan, asentamiento de asiáticos, donde residió Lam. Hubo tomas de cámara, y al mediodía se suspendió el rodaje para una siguiente jornada. El centro de descanso era el Motel Las Rocas, a la salida de Sagua.

Wifredo Lam en varias etapas de su vida.



«El lunes 9 de enero, en la mañana todo estaba previsto para que el pintor visitara la pinacoteca �Apolinario Chávez�; subimos las empinadas escaleras de mármol, a pesar de las dificultades que ya se advertían en el caminar de Lam. Ante cinco de sus obras iniciales, el artista señaló que eran viejísimas y no pensaba que se conservaran en tan buen estado, y precisó que cuando pintó aquellos cuadros, jamás creyó verlos en exhibición y protegidos en su tierra natal. Creo que esas piezas todavía deben estar en Sagua.«Con euforia, Lam declaró: "¡Coño, estos cuadros son más viejos que Matusalén!; fueron concebidos entre 1917 y 1925, fecha en que me involucré en estudios de la Academia San Alejandro"; pertenecieron por obsequio del artista a Humberto Domínguez, el amigo y músico sagüero.

«Después hubo otras tomas en el parque Albarrán, y al mediodía fuimos a Isabela de Sagua, y a orillas del mar se hicieron las últimas filmaciones del documental. Después nos despedimos; esa fue la última vez que aprecié de cerca a Lam, quien entre los labios y el recuerdo tenía prendidos los días infantiles de la escuela de Cocosolo.

«Precisó Solás que el tiempo apremiaba, pues después irían a Sancti Spíritus, territorio de nacimiento de Ana Serafina Castilla, la mamá del pintor; momento que aprovecharían esas locaciones cercanas a la Trinidad de viajes de infancia, para rememorar a Huelva, zona minera en la cual el artista residió antes de estallar la Guerra Civil Española.»

El documental, una joya del cine cubano, lo disfrutó Manolo Guillermo Fernández García, según confesó, poco antes del fallecimiento de Lam en París, aquel infausto sábado 11 de septiembre de 1982; los restos del pintor fueron incinerados en el cementerio Père Lachaise y, luego, trasladados a suelo patrio patrio.

NOTA: Este material podrá ser visto en Sagua Visión durante todo el mes de Mayo los sábados en el programa Con Video.

Wifredo Lam legó obras, como Tercer Mundo, realizada en 1966.