domingo, 28 de abril de 2013

EN EL REBAÑO SOY GRIS

Tell me, what is it you plan to do with your one wild and precious life? 
Mary Oliver 
Qué difícil resulta descubrir la esencia de las cosas y las gentes, descubrir verdades que sólo se dicen a media, siempre a medias. Qué difícil es ver el valor del otro y el de uno mismo en cada esquina y saber que somos capaces de más, porque somos el resultado de un perfeccionamiento genético de miles de millones de años. Y es que aún no hemos evolucionado lo suficiente en el pensamiento, ese pensamiento que permanece prendido a la rama del árbol, del cual bajamos para caminar erectos, pero aún nos falta dejar de ver la presa. Nos falta mirar a los otros desnudos de linajes y de miedos, mirarlos nada más y ver cuánto pueden o cuánto no pueden, saber que nos necesitan o que necesitamos de ellos, dejar de andar por la vida como si permanentemente nos miráramos en un espejo de defectos y viéramos sólo los nuestros,  como amenazas en cada ser que se nos aproxima.
"me eh obligado a contradecirme a mi mismo para evitar seguir mi propio gusto" 
                                                                                                 Marcel Duchamp

domingo, 21 de abril de 2013

¿Y si fuera una huella? Es una huella profunda Guevara.

¿Y si fuera una huella? tituló Alfredo Guevara su epistolario, y le aseguramos que es verdaderamente una HUELLA profunda la que  ha dejado este hombre en los creadores cubanos y en  todos aquellos que nos acercamos alguna vez a él.
Resulta increíble cómo unos instantes al lado de este sabio conllevaran una enseñanza tan profunda y perdurable.  “¿Y si fuera una huella?”, epistolario del renombrado cineasta cubano Alfredo Guevara es un texto que con orgullo recibí de sus propias manos y con palabras imprescindibles encausó mi quehacer dentro del mundo audiovisual.
En estos días Guevara nos dijo adiós y sobre todo, a  los jóvenes,  a quienes dedicó su pensamiento en  las últimas dos décadas de vida. Aún cuando  la distancia (física, generacional y de pensamiento)  nos separa,  a todo aquel que compartiera con él,  solo un instante le bastaría para impregnarse de  esa luz,  y hoy tras su pérdida, sentir la penumbra que nos deja. “Fundar” nos dejó como tarea, pero de seguro estuviera de acuerdo, que también debemos refundar una y otra vez, pues la obra nunca estará concluida y siempre será perfectible.
Este libro llegó a mí el 15 de Julio de año 2009 de las manos del mismísimo Guevara, mientras jóvenes artistas cubanos nos reuníamos para compartir algunas de sus memorias sobre la historia del cine cubano y latinoamericano, y de forma general para compartir importantes pasajes de la historia de Cuba, que han estado ligados indisolublemente al arte en todas sus manifestaciones. Mientras me dedicaba el epistolario pregunté su criterio sobre el papel de los nuevos realizadores audiovisuales de nuestra isla y con el bullicio de la sala que no permitía hablar más de un minuto con tranquilidad,  fue breve en su respuesta: “Lo contemporáneo no puede ser ignorado por la entrega de lo cotidiano”. Desde entonces la comprensión de ese consejo se incorporó a mi labor, pero en este empeño crecieron mis cuestionamientos a los medios que he dedicado mi vida, en primer lugar a la Radio y posteriormente a la Televisión.  Hoy el “artista” audiovisual  ya no baila al compás de un comercial, sus hilos simplemente se mueven al ritmo de otras manos en la cotidianeidad aplastante. Aquel consejo de Guevara, que en menos de un minutos me hizo repensar los caminos en la radio y la televisión, continuará sobre mi mesa de trabajo, aun cuando su epistolario regrese al estante donde un día se haga notar nuevamente, para procurarme una vez más su sabia original,  y darme cuenta si anduve por el camino  correcto en la búsqueda de la contemporaneidad.

sábado, 20 de abril de 2013

Simón del Río

Cuenta la leyenda que una caída de agua se aproximaba, que el sol no permitía verle el rostro y que jamás pescador alguno pudo vérselo, siempre con un remar acompasado, remontando el empuje de la corrientes del río en su balsa a medio hacer.

Y cuentan los pescadores que lo miraban pasar como si no se enterase de la presencia de ellos, como si nada le importara, pero sí se enteraba y le importaba mucho la suerte de sus protegidos, los millares y millares de peces que poblaban el río.