Por: Yoel Rivero Marín
Hoy el mundo se rebela, pero la historia demuestra que más tarde o más temprano siempre sucede, porque es inevitable, porque es impostergable. Por lo general siempre el que domina se siente dios y como dios, inmortal. Pero esa postura de inmortalidad no sólo la asumen los dominantes, también la asumen los establecidos, los que se sienten intocables. La omnipotencia divina ha llegado hasta ellos para que la responsabilidad de dirigir se convierta en el privilegio de nunca ser cuestionados y nosotros, los simples mortales, callaríamos ante su imbatible presencia.
Hoy el mundo se rebela, pero la historia demuestra que más tarde o más temprano siempre sucede, porque es inevitable, porque es impostergable. Por lo general siempre el que domina se siente dios y como dios, inmortal. Pero esa postura de inmortalidad no sólo la asumen los dominantes, también la asumen los establecidos, los que se sienten intocables. La omnipotencia divina ha llegado hasta ellos para que la responsabilidad de dirigir se convierta en el privilegio de nunca ser cuestionados y nosotros, los simples mortales, callaríamos ante su imbatible presencia. 